Empecé a rodar “10 to 11” con el deseo de comprender a un coleccionista contumaz que vincula
estrechamente el ayer con el hoy y el mañana y que al añadir a sus colecciones un nuevo objeto,
congela cualquier instante de su vida, trazando así un hilo imaginario sobre el que avanza cual
experto acróbata.
Entre las contradicciones que la vida en Estambul encierra, cabe también la tolerancia. Al intentar
narrar en mi película cómo dos hombres solos y de condiciones sociales, vidas, sueños y realidades
bien diferentes -Mithat Bey, coleccionista de 83 años de edad y su portero, Ali- se confiaban el uno
al otro los pormenores y las dificultades de sus respectivas vidas y cómo uno perdía mientras el otro
ganaba, uno vencía mientras el otro era vencido y uno empezaba una nueva vida mientras el otro la
llevaba a término, me di cuenta de que lo único que podían ofrecerse era, una vez más, Estambul.
Pelin Esmer |